Kiev/Leópolis. Al borde de las vías en Kiev, los avisos publicitarios hacen desfilar con calma bajo un sol resplandeciente las mismas frases en ruso: «¡Soldados rusos, váyanse al carajo!». «No se conviertan en asesinos». «¡Regrésense!».
Desde sus trincheras y barricadas erigidas en unos días, los habitantes de la capital ucrania aseguran el lunes estar listos a «dar la lección» de su vida al enemigo.
Un viejo auto Lada, dos botes de basura, un armario: los habitantes toman todo lo que se encuentra a mano para construir barricadas improvisadas, esperando frenar el avance de los tanques rusos.
«Los recibiremos con cócteles Molotov y balas en la cabeza, así los recibiremos», asegura debajo de uno de esos avisos Viktor Rudnichenko, empleado bancario.
«Las únicas flores que recibirán de nuestra parte serán para sus tumbas», agrega este hombre de unos 30 años, que salió por provisiones, cuando el toque de queda fue levantado el lunes a las 08H00.
Residentes y voluntarios de Kiev se preparan para instalar un puesto trasero con trincheras en la capital ucrania, el 28 de febrero de 2022. Foto Afp.
Esta corta pausa, gracias a las negociaciones en curso entre ambos países en la frontera bielorrusa, da tiempo a los habitantes de Kiev, después de la conmoción de las primeras ofensivas contra su ciudad, para organizar su defensa.
La capital adquirió en solo cuatro días reflejos de zona de guerra.
«No vayan al prado», dice un joven a los transeúntes cuando la alerta de ataque aéreo empieza a sonar. «¡Podría haber explosivos! Escuchamos decir que los rusos esconden minas bajo la hierba», explica Oleksiy Vasilenko.
En los puntos de control, donde cualquier vehículo es revisado, la gente se saluda con un «Slava Ukraina!» (Viva Ucrania) a lo que se responde «¡A los héroes de Ucrania!», fórmula patriótica que sirve ahora de salvoconducto. Otro conductor agrega «¡Muerte a los moscovitas!» y vuelve a arrancar rápidamente.





