Ricardo Gallardo convirtió la llamada Ley Esposa en bandera política, retando a Claudia Sheinbaum y tensando la alianza Verde-Morena con ambición dinástica descarada.
El gobernador potosino defiende una reforma electoral diseñada para abrirle paso a su esposa, senadora del Verde, bajo el discurso tramposo del “tiempo de las mujeres”.
Sheinbaum rechazó la reforma por inducida y regresiva, pero Gallardo respondió con reproche machacado: acusó a la Presidenta de “tener miedo” a una mujer gobernadora.
El argumento es burdo: San Luis Potosí tuvo hombres ochenta años, ahora toca mujer, dice Gallardo, aunque esa mujer sea su esposa y heredera política directa.
Luisa María Alcalde endureció la postura y anunció impugnación contra la ley del CEEPAC, aprobada sin coma modificada por un Congreso obediente.
Uno de los objetivos de Alcalde, es iniciar una lucha en los tribunales para con un recurso de inconstitucionalidad sobre la Ley Esposa, porque le cierre el paso a la libre participación ciudadana y principalmente en una clara violación a los derechos políticos ciudadanos en este caso, de los hombres, algo que puede pesar.
El choque exhibe la fractura real entre Morena y el Verde, incubada cuando Adán Augusto sepultó la iniciativa presidencial contra el nepotismo electoral.
San Luis, Nuevo León e Hidalgo prueban que la Ley Esposa avanza pese a todo; Gallardo reta tribunales y Sheinbaum enfrenta su primer gran desafío interno.
Además, la Ley Esposa busca cerrar el paso a Enrique Galindo y bloquear aspiraciones masculinas, incluido Gerardo Sánchez Zumaya, morenista perfilado para 2027.
Pareciera que Gallardo y el Verde tienen un objetivo, la imposición, la herencia del poder pero si esto no se logra, entonces llegar al límite para una negociación. Si Gallardo no logra su objetivo, entonces se va sentir con derecho a exigir e imponer a alguien más de su familia como candidato a diputado federal en el 2027 y asegurar desde ahora posiciones para el 2030 para poder llegar al Senado.





