La Casa Blanca corrigió este domingo la composición de la delegación que representará a Estados Unidos en las nuevas negociaciones con Irán en Pakistán, en un contexto marcado por la escalada militar, el bloqueo del estrecho de Ormuz y las amenazas del presidente Donald Trump contra infraestructuras iraníes.
De acuerdo con un funcionario estadounidense citado por AFP, el vicepresidente JD Vance encabezará la delegación junto con el enviado especial Steve Witkoff y el asesor Jared Kushner. Sin embargo, horas después, el propio Trump desmintió que Vance vaya a liderar o incluso participar directamente en el viaje por motivos de seguridad.
Es solo por seguridad. JD es excelente”, declaró el mandatario en entrevista con ABC News, evidenciando contradicciones dentro del propio gobierno sobre el alcance y liderazgo de la misión diplomática.
Incertidumbre en la delegación
La confusión no se limita a la Casa Blanca. Más temprano, el embajador estadounidense ante la ONU, Mike Waltz, y el secretario de Energía, Chris Wright, habían asegurado que Vance encabezaría la ronda de conversaciones prevista en Islamabad a partir del lunes.
El cambio de versión refleja la fragilidad política y operativa de un proceso negociador que busca reactivarse tras el fracaso de las conversaciones del 11 y 12 de abril en Pakistán. En ese contexto, la designación de los interlocutores adquiere un peso estratégico clave, especialmente en medio de una crisis que combina factores militares, energéticos y diplomáticos.
“Se acabó hacerse el bueno”: Trump
En paralelo al ajuste de la delegación, Trump reiteró su postura de máxima presión sobre Teherán. A través de su red social Truth Social, acusó a Irán de haber violado el alto el fuego iniciado el 8 de abril tras los incidentes registrados en el Estrecho de Ormuz.
Irán decidió disparar balas ayer en el estrecho de Ormuz: ¡una violación total de nuestro acuerdo de alto el fuego!”, escribió el presidente, en referencia a los ataques reportados contra al menos tres buques comerciales.
El mandatario fue más allá al advertir que, si las negociaciones fracasan, Estados Unidos procederá a una ofensiva directa contra infraestructura crítica iraní. “Estamos ofreciendo un acuerdo muy justo y razonable. Si no lo aceptan, destruiremos todas las centrales eléctricas y todos los puentes en Irán”, afirmó.
El mensaje culminó con una frase que resume el giro de su estrategia: “¡Se acabó hacerse el bueno!”.
Donald Trump acusa a Teherán de una “violación completa” del alto el fuego tras ataques contra buques en el estratégico Estrecho de Ormuz.AFP
Estrecho de Ormuz, epicentro de la crisis global
El Estrecho de Ormuz continúa cerrado este domingo, pese a que Irán había anunciado su reapertura parcial apenas 48 horas antes. La decisión de volver a bloquear el paso responde, según Teherán, al mantenimiento del bloqueo naval estadounidense sobre sus puertos.
Este corredor marítimo es responsable del tránsito de cerca de una quinta parte del comercio mundial de hidrocarburos, lo que lo convierte en un punto crítico para la seguridad energética global.
La reapertura anunciada el viernes había generado una reacción positiva inmediata en los mercados internacionales, con caídas en los precios del petróleo y repuntes bursátiles. Sin embargo, la reanudación de las hostilidades y los ataques a embarcaciones han revertido ese optimismo.
Negociaciones bajo presión internacional
Las conversaciones en Pakistán se presentan como un intento de evitar una escalada mayor en un conflicto que ya tiene implicaciones regionales y globales. Irán ha condicionado cualquier avance al levantamiento del bloqueo marítimo impuesto por Estados Unidos, mientras Washington insiste en que Teherán debe aceptar un “acuerdo razonable”.
El trasfondo de estas negociaciones incluye no solo el conflicto militar iniciado el 28 de febrero entre Estados Unidos, Israel e Irán, sino también una disputa más amplia sobre soberanía energética, control de rutas comerciales y equilibrio geopolítico en Oriente Medio.
La participación —o ausencia— de figuras clave como Vance añade incertidumbre sobre la capacidad real de las partes para alcanzar compromisos sustantivos.
El cruce de acusaciones, la ambigüedad en la representación diplomática y las amenazas explícitas configuran un escenario de alta volatilidad política y económica. La comunidad internacional observa con preocupación el desarrollo de los acontecimientos, consciente de que cualquier escalada adicional podría afectar no solo a la región, sino al sistema energético global.
En este contexto, la reunión en Islamabad será determinante para medir si aún existe margen para la diplomacia o si el conflicto se encamina hacia una confrontación directa de mayor escala. © 2025 Imagen – Excélsior. Todos los derechos reservados. El contenido de este sitio y de la edición impresa está protegido por la Ley Federal del Derecho de Autor. Prohibida la reproducción total o parcial sin autorización previa y por escrito. El material de terceros conserva sus propios derechos.





