Madrid.- En uno de los mensajes más contundentes de su naciente pontificado, el papa León XIV colocó la crisis migratoria en el centro del debate mundial y llamó a defender la dignidad humana.
Durante una visita al puerto de Arguineguín, en las Islas Canarias, el pontífice lamentó que miles de personas continúen arriesgando la vida para escapar de la pobreza.
El líder de la Iglesia católica describió a Canarias como una tierra marcada por historias de esperanza, pero también por tragedias humanas ocurridas en rutas migratorias.
Recordó que esos muelles han recibido tanto a sobrevivientes rescatados del mar como a víctimas que perdieron la vida intentando alcanzar territorio europeo.
León XIV sostuvo que la Iglesia no puede permanecer indiferente frente al sufrimiento de quienes huyen del hambre, la violencia o el exilio.
Afirmó que los discípulos de Jesús tienen la obligación moral de escuchar el clamor de quienes enfrentan situaciones extremas para buscar mejores oportunidades.
El pontífice advirtió que detrás de la crisis migratoria operan organizaciones criminales que se aprovechan de la desesperación de miles de personas vulnerables.
Comparó a esas redes con los monstruos descritos en las Escrituras, al señalar que hoy adoptan la forma de traficantes y explotadores.
También cuestionó la indiferencia social que permite que hombres, mujeres y niños sean absorbidos por esquemas de explotación y abandono institucional.
Tras escuchar testimonios de migrantes y voluntarios, el papa realizó un gesto simbólico al expresar respeto y reconocimiento hacia quienes emprendieron esas travesías.
“Quiero inclinarme ante su dignidad”, expresó al dirigirse a los migrantes, subrayando que detrás de cada historia existen familias, sueños y sacrificios.
Insistió en que las personas desplazadas no deben ser reducidas a estadísticas ni expedientes administrativos dentro de las políticas migratorias contemporáneas.
Asimismo, alertó sobre los riesgos de confiar en grupos que prometen rutas seguras o beneficios rápidos a cambio de dinero o libertad.
Calificó esas ofertas engañosas como auténticas industrias de muerte que lucran con la vulnerabilidad de quienes buscan una nueva oportunidad de vida.
El pontífice sostuvo que la crisis migratoria debe convertirse en un profundo examen de conciencia para gobiernos, organismos internacionales y sociedades enteras.
Consideró que los países de origen tienen la responsabilidad de crear condiciones que permitan a sus habitantes vivir con seguridad y bienestar.
También llamó a las naciones de tránsito a impedir que las personas migrantes queden expuestas al control de grupos criminales organizados.
Respecto a Europa, cuestionó que se promueva la defensa de los derechos humanos mientras los mares continúan convirtiéndose en escenarios de muerte.
Pidió a la comunidad internacional fortalecer la cooperación para enfrentar de manera efectiva el tráfico de personas y la migración forzada.
León XIV dirigió además un mensaje a autoridades, legisladores y organismos multilaterales responsables de diseñar políticas públicas sobre movilidad humana.
Señaló que administrar flujos migratorios no puede limitarse a estadísticas, controles fronterizos o reacciones posteriores ante tragedias consumadas.
Cada embarcación que llega a las costas, afirmó, plantea una interrogante sobre las condiciones que obligan a miles de personas a emigrar.
El pontífice reclamó la apertura de rutas legales y seguras, además de mecanismos efectivos de rescate, acogida e integración social.
Defendió el derecho de las personas a solicitar refugio cuando su vida se encuentre amenazada por conflictos o persecuciones.
Pero también reivindicó el derecho de permanecer en la tierra natal sin hambre, violencia, corrupción ni condiciones que destruyan el futuro.





