Ciudad de México.- Son las voces de niñas y niños que opinan sobre los desafíos que la pandemia les dejó: dificultad para hacer amigos, merma en sus aprendizajes y problemas socioemocionales.
La herida de la pandemia de covid-19 sobre la infancia mexicana sigue sin cicatrizar. En mayo pasado, la Organización Mundial de la Salud (OMS) declaró el final de la emergencia de salud pública a nivel internacional después de mil 191 días; sin embargo, es imposible decretar que ya no hay afectaciones socio emocionales en niñas, niños y adolescentes, con la merma de aprendizajes y una nueva dificultad para cultivar amistades.
Algunas cifras en América Latina, como las de Perú, a través de la Evaluación Virtual de Aprendizaje (EVA), alertan que sólo dos de cada 10 tienen la posibilidad de hacer amigos fácilmente y uno de cada 10 estudiantes es capaz de controlar sus emociones. Mientras que el Banco Mundial y Fondo de las Naciones Unidas para la Infancia dicen que: 4 de cada 5 niños menores de 10 años, en la región, no son capaces de leer un texto corto.
Otro estudio del Banco Mundial, Acting Now to Protect the Human Capital of our Children expone que: “ya en 2019, previo a la pandemia, se vivía una profunda crisis de aprendizaje. El 53% de los niños y las niñas que terminaban la escuela primaria en América Latina y el Caribe no podía leer ni entender un texto simple. Después de dos años del cierre de las escuelas por la pandemia, ese porcentaje se incrementó a 64% en toda la región”.
De acuerdo con Susana Sosenski, doctora en Historia por el Colegio de México, el confinamiento significó “el mayor encierro de las infancias; nunca antes visto en la historia de la humanidad” y alertó que “nuestro país es de los que menor registro tiene de las voces, opiniones y sentimientos de este sector poblacional, a pesar de representar un 40%”.
Lariza Montero, autora del libro Érase una vez una pandemia, de la editorial Penguin Random House, sello Grijalbo, registró las voces y testimonios de 16 niñas, niños y adolescentes mexicanos con las siguientes interrogantes: “¿qué sentirán?, ¿qué pasará por su mente?, ¿cuánto tiempo estarán así?, ¿qué significará esto para ellos?”.
Siendo mamá de unos mellizos pequeñitos, me preguntaba ¿esto cómo va a impactar en ellos, de qué manera va a cambiar sus vidas?, literalmente. Mis hijos, siendo en ese momento unos bebés, no me podían contestar y entonces me di a la tarea de preguntarle a otros niños y niñas y adolescentes”, explicó Montero en entrevista con Excélsior.
CATÁSTROFE
Además, llegaron otras advertencias de Naciones Unidas, por parte del director general, el portugués António Guterres, quien comentó: “Nos enfrentamos a una catástrofe generacional que podría desperdiciar un potencial humano incalculable, minar décadas de progreso y exacerbar las desigualdades arraigadas”.
Se calcula que el déficit cognitivo en niños pequeños podría representar una merma de un 25% de sus ingresos cuando sean adultos, según estudios sobre el impacto de la pandemia en el capital humano.
Excélsior platicó con niños y niñas, quienes participaron en los testimonios de Érase una vez una pandemia: Dana, Juanpi, Karen, Noemí y Valentina, donde “exploran los sentimientos más profundos, más conmovedores, de los niños que pasaron por este proceso, llenos de temores, de aburrimiento y de nostalgia de lo que hasta entonces, antes del encierro, parecía perfecto: la vida sin pandemia”.
Ahora, ya con una pandemia cuyo final se decretó y luego del regreso de 37 millones de alumnos en México quienes estuvieron 528 días de confinamiento, los niños y niñas cuentan cuál es su nueva realidad y los desafíos que enfrentan pospandemia.
Latinoamérica vivió la crisis educativa más grave de los últimos 100 años y el aprendizaje de toda una generación está en riesgo”, según la advertencia de Daniela Trucco de Asuntos Sociales de la División de Desarrollo Social de la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (Cepal).
América Latina fue la región que más días de clases presenciales perdió a raíz de la pandemia. En promedio los centros educativos estuvieron 56 semanas cerrados desde el inicio de la pandemia hasta septiembre de 2021.
Son infancias que les costó trabajo presentarse ante sus pares sin cubrebocas; que les preocupa la merma económica de sus familiares desde la pandemia; se sienten incomprendidos por sus compañeros de clase y por los adultos; sufren por el bullying que les hacen a ellos mismos o sus hermanitos; que les angustia la pérdida de conocimientos durante el encierro y que están aún en terapias psicológicas, debido a las afectaciones del extenso confinamiento.
Sin embargo, también son niños y niñas quienes sueñan con que se comience a escucharlos, a tomarlos en cuenta y a comprenderlos; que se erradique el bullying de las escuelas; que están dispuestos a hablar sin tabúes sobre sus emociones y que apuestan por un mundo mucho más sensible que proteja a la naturaleza.
Nuestro trabajo como adultos es dejar de ver a los niños como si fuesen objetos de pertenencia ya sea de las escuelas o de las familias, para verlos como lo que son: sujetos plenos de derechos. Este libro nos invita a mirar las historias de las infancias, durante la pandemia, desde sus propios ojos. Nos enseñan su resiliencia y su esperanza, a pesar de que ellos enfrentaron lo que no hemos vivido diversas generaciones anteriores, calificada por la ONU, como una crisis similar a una guerra mundial y nos compromete a que les demostremos que sus narrativas sean transformadoras de su realidad ”, concluyó la autora de Érase una vez una pandemia.





