Fecha: 16 / 04 / 2026
Hora: 05:27 AM

La noche de Mauricio y Fermín Rivera

Por: Río19 / Redacción el 24/08/19
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San Luis Potosí, SLP.- Ayer, la plaza de toros el Paseo que fue inaugurada a finales de 1800
Se llenó de fiesta, de magia. Desde el paseito de mujeres muy guapas ataviadas con vestimentas muy propias para una tarde-noche de toros.

El léxico taurino iba y venía. Cómo la cerveza, la yoguitas-rellenar de cognac, tequila o brandy, los infaltables puros.

La cultura de la tauromaquia se respira en cada rincón de esta vieja plaza San Luisina.

La música de banda en vivo con el paso doble, Cielo Andaluz, rompió con el vocerío de los asistentes en las gradas.
El inició de la fiesta fue con el rejoneador, Santiago Zendejas, quién cumplió con una faena limpia y certero a la hora de sacrificar a »canicas» el astado en suerte.

Fermín Rivera matador con más de quince años en los ruedos, se mostró osado, limpio en el uso del capote y luego con la muleta. Con pases naturales y verónicas .

En los dos primeros toros del cartel. Arrancó muchos ! Oleeees!.. que es sin duda la expresión más conocida en el léxico taurino.

Muy buena lidia. Pero tuvo fallo en la estocada.

En el tercero qué regaló a sus paisanos.

Mostró toda su experiencia en los ruedos y fué más afortunado y en el primer intento hundió la espada Hasta la empuñadura en el morrillo de ‘Doctor’ un toro negro atierrado de 480 kilos de peso.

La faena fue premiada con una oreja por un estricto juez. Qué se ganó a pulso el enojo del respetable que a voz en cuello le gritaba’1,2,3 que chingue a su madre el juez’.

El matador de la noche fue José Mauricio. Un torero elegante y ortodoxo.

Por esa clase fue por años el consentido de la plaza México.

Su destreza para sacar los mejores embistes al toro. Desbordaron los ! Oleeees! Y los aplausos en plateas y tendidos.

Con el toro pegado al cuerpo o resoplando muy cerca de sus piernas supo ceñir las astas del animal al trapo sostenido por su espada.

Le dió más minutos a la faena. La cual remató con un lance a matar en medio del ruedo. -cómo lo hacen los toreros en plenitud- Su estocada fue pulcra. Y acabó si estertores con la vida del bien plantado toro.

La faena trepó en hombros al matador que consiguió dos apéndices y la ovación y el grito ensordecedor de ! Torerooo , toreroooo, torerooo!, que opacaba la música de la banda que entonaba ‘La Macarena’ , mientras se hacía un arrastre lento a los restos de ‘Atenita’ en reconocimiento a su bravura y a la sangre que regó en el ruedo.

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