La imagen del presidente Andrés Manuel López Obrador al rendir su informe trimestral, resultó patética.
Perdió la oportunidad de unir, de mostrar liderazgo como presidente cargo donde se ha empequeñecido.
Su habilidad discursiva, ya no convence, ya no conmueve. Suena hueca, tanto o más, que sus proyectos del tren Maya, del Aeropuerto de la Refinería de Tres Bocas, que para un presidente sensato serían irrealizables en estos tiempos de crisis.
Contrario a lo que muchos le sugirieron que anunciara su suspensión; reiteró que se harán.
Prefiere romper ‘el cochinito’ del Fondo de estabilización que por años ha sido oxigeno para el país en momentos de turbulencia financiera que echar abajo las obras que son la columna vertebral de su transformación de cuarta.
El informe trimestral, según los enterados, es el parteaguas para un presidente, intransigente, borrico a quien propios y extraños, han decidido dejar solo. Porque están convencidos que de aquella frase que se le acuñó en campaña; ‘ un honor estar con Obrador’, ahora será, ‘es un error apoyar a Obrador’.
Los más moderados de su gente cercana le han pedido, que reconozca la gravedad de la crisis que enfrenta el país, a lo cual se ha negado sistemáticamente, con su acostumbrado. ‘Yo tengo otros datos’
Lejos de unir, saca a flote sus fobias, sus rencores pasados y su cinismo al expresar con desparpajo mentiras deliberadas, como arrojarse como acción de su gobierno, la reducción en el precio de la gasolina que es por efecto mundial, no nacional.
Montado en su papel de presidente de alcance limitado, desdeñó las recomendaciones de gente de izquierda, simpatizantes de años y no afianzó un programa de apoyo al sector productivo, dónde seguramente se perderán miles de empleos.
Lejos de eso, disfraza su programa electorero, con dádivas a los pobres coincidentemente la mayoría enlistados en los padrones de Morena.
Lejos de inspirar confianza el mensaje de López Obrador, decepcionó y ahondó las desconfianzas en mayoría de los sectores del país.
Sobre todo cuando se ufanó de la capacidad del sector salud para enfrentar la pandemia; contrario a la versión de médicos y enfermeras de la mayoría de hospitales que protestan por la falta de equipo de protección personal -máscaras, cubrebocas, gel entre muchas otras cosas.
Tras su mensaje, el Presidente dejó la impresión que no tiene ni idea del tamaño de las dos crisis que enfrenta el país; la sanitaria, y la económica.
Pero lo más preocupante para el Presidente es que a tan poco tiempo de su gobierno perdió ‘la magia’, que le acarreo muchos simpatizantes.
Ahora esperemos que por el bien de todos, la realidad no le haga tragar el optimismo de sus palabras, porque ha hecho muy poco, para encarar la pandemia del COVID -19 a la cual sigue subestimando.
Y lo que más preocupa a la ciudadanía, es que su vida, su empleo, su futuro, dependen de la toma de decisiones de un presidente extraviado que gobierna a tientas, y con ocurrencias.





