La detención del general Salvador Cienfuegos Zepeda acusado por la DEA por cuatro cargos relacionados con el narcotráfico -acusaciones que deben probar- sin duda cimbra a todo el ejército que es la institución que más prestigio y confianza tiene ante la ciudadanía; pero sobre todo, pone en jaque la dependencia que tiene el gobierno de Andrés Manuel López Obrador de los militares.
Detrás de la captura, no se puede soslayar las señales que había dado Donald Trump, al gobierno Mexicano desde septiembre de 2019, cuando amenazó con retirar la certificación en su lucha antidrogas por no hacer más por combatir el narcotráfico.
Y lo repitió más vehemente y con hostilidad un año después, el pasado mes de septiembre, donde exigió al gobierno de López Obrador, ‘hacer más en el combate al narcotráfico”. E incluso insistió que habría ‘sanciones’ si no lo hace.
Con 16 puntos abajo en las preferencias del electorado gringo, Donald Trump ha insistido en su discurso antimexicano y sobre todo en los hechos para ganar simpatías.
Y sin duda que la detención del general Salvador Cienfuegos Zepeda, no puede ser ajeno al juego electoral perverso del presidente Trump, quien no ha tenido empacho incluso en aprovecharse de la candidez del Presidente Mexicano a quien obligó a acudir a Washington para promover su candidatura presidencial en declive.
Otra señal del maquiavélico plan, fue el hecho que la investigación y detención del general Cienfuegos se realizó sin avisar a las autoridades mexicanas.
El general tenía dos años en retiro. Porque no se le investigó ó detuvo antes?. Si se presume que sus acciones presuntamente ilícitas las cometió en el desempeño de su cargo, 2012-2018.
Lo que tampoco se debe pasar por alto es que este golpe a la reputación del ejército, amenaza con amargar la relación entre la institución y el Presidente, quien ha sustentado buena parte de su proyecto político, en el apoyo y lealtad de las fuerzas armadas, al extremo de militarizar la obra pública, la custodia de puertos, aduanas y del combate al narcotráfico, como una estrategia para congraciarse con la institución cuya imagen después de la acusación-que debe probarse- contra el general, no puede ser referencia de la honestidad que tanto presumía Obrador.
Tras este hecho sin duda que habrá fricciones en la relación, sobre todo cuando a bote pronto, al hablar de la detención de Cienfuegos,Obrador había insinuado una limpia en las fuerzas armadas, sin antes pedir información sobre los motivos de la detención. Por lo que llevó el espinoso tema al terreno de lo político, lo cual no cayó bien en la jerarquía ‘cardenalicia’, ni oficiales de la milicia. Por ello, el presidente tuvo que recular después y expresar con más mesura que’ no es profesional, ni justo involucrar a toda la oficialía del ejército de estar involucrada en este caso. Si es que se demuestra’.
Lo que no tiene duda es que la detención inédita de un general mexicano de tan alto rango, es un golpe brutal a la moral y credibilidad del ejército y del Estado Mexicano, el cual también será sujeto a juicio, a la par con el caso del General, -si se prueban las acusaciones-; por qué en dos años de ésta administración federal. Cómo es posible que no se hayan investigado, la presunta implicación de algunos miembros del ejército en el crimen.
Ni por parte de la alta jerarquía del ejército, ni de otras autoridades federales , incluyendo al presidente, cómo lo imputa la acusación de la DEA contra el general?.
Este caso y sus consecuencias que tendrá en la medida que avance el juicio podría corroborar lo que para muchos está a ojos vistos; que desde hace 14 años, el país sufre un estado fallido.





