Fecha: 13 / 08 / 2026
Hora: 04:47 AM

Eclipse total de Sol emociona a la Península Ibérica

Por: Río19 / Redacción el 13/08/26
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Sierra Norte de Madrid. Y de pronto, alrededor de las ocho y media de la tarde, el día se convirtió en una noche cerrada, los pájaros se agitaron y gorjearon como confundidos, los murciélagos salieron de sus madrigueras y, lo más importante, la Luna cubrió por completo al Sol.

Ese momento fugaz, que duró entre 40 segundos y un minuto y medio —según la zona— emocionó a los habitantes de la Península Ibérica, sobre cuando la penumbra dejó entrever un anillo luminoso y engarzado como un diamante muy brillante. Desde hace 114 años, en el 1912, no se registraba en España el que muchos consideran uno de los mayores espectáculos astronómicos de la naturaleza. En México se tienen registrados hasta tres eclipses totales de Sol, el del 8 de abril de 2024, el del 11 de julio de 1991 y el del 7 de marzo de 1970.

En una pequeña pedanía de la Sierra Norte de Madrid, entre Galapagar y Moralzarzal, decenas de personas se subieron a un pequeño monte para tener una buena visión del Oeste, justo en el punto donde se mete el Sol cada día y donde además se vislumbran algunas de las montañas más importantes de esa zona, como el Monte Abantos, Siete Picos, Peñalara, La Pedriza y Cuelgamuros.

La gente llevaba de todo, desde los lentes especiales para ver eclipses y homologados por las autoridades sanitarias, hasta sombrillas, sillas, neveras portátiles y, por supuesto, telescopios y aparatos fotográficos para capturar el momento.

Y así ocurrió en una buena parte del país, donde la gente se reunió para vivirlo, ya sea en las playas que miran a los mares Atlántico, Mediterráneo o Cantábrico o en los pueblos de las cordilleras montañosas, como los Pirineos.

Porque había decenas de millones de personas, muchas de ellas procedentes de países de todos los rincones del planeta que viajaron ex profeso para contemplar este fenómeno natural, estaban dispuestas a emocionarse hasta el llanto. Y por eso se desperdigaron por las zonas que, según los expertos, se contemplaría con mayor nitidez y belleza el eclipse.

El recorrido de la franja lunar y su sombra inició en el noroeste del país, en concreto de la comunidad autónoma de Galicia, y desde ahí atravesó hasta 13 regiones, incluidas las Islas Baleares, enclavadas en mitad del mar Mediterráneo, pasando antes por Asturias, Castilla y León, Comunidad de Madrid, Castilla-La Mancha, Cantabria, La Rioja, País Vasco, Navarra, Aragón, Cataluña y la Comunidad Valenciana.

Y desde ahí se pudo ver con claridad el momento en el que la Luna se situó directamente frente al Sol, bloqueando la mayor parte de su luz y permitiendo observar la atmósfera solar. Aunque el eclipse también se pudo ver total o parcialmente en otros países, como Portugal, Groenlandia, Islandia, República Checa, Suiza, Reino Unido y Francia, entre otros.

Durante los 10 minutos previos a la ocultación completa del Sol, la luz cambió, provocando en las personas que vivían el momento con emoción y nerviosismo un cambio claro en la percepción de los colores como consecuencia de la caída brusca de luz, además de por los efectos que la transición de luz provoca en la retina.

La explicación de los expertos es porque nuestros ojos pasan rápidamente de una visión dominada por los conos, propia del día, hacia otra en la que participan los bastones, propia de la noche. Y esto provoca que los tonos azulados y verdosos nos resultan más brillantes mientras que los rojos parecen apagarse y oscurecerse, hasta convertirlos en un casi negros.

Pero después de ese momento de desconcierto por la transición de los colores y la luz, de pronto la sombra lunar empezó a prevalecer y fue como si una especie de mancha oscura se proyectó sobre la superficie terrestre. Y así hasta que todo su manto ennegreció todo.

Se hizo de noche durante unos segundos. Los animales se alteraron. La gente enmudeció. Y en el cielo sobre le veía un punto brillante, mientras el resto del Sol desaparecía. Era como un anillo que tiene engarzado un diamante muy brillante. Era la señal inequívoca de que el eclipse empezó su fase de totalidad, en la que la corona solar se muestra esplendorosa y bella.

Seguido desde pueblos recónditos de la España rural, acantilados, playas, barcos, e incluso un avión de Iberia con 30 astrónomos a bordo, el fenómeno ha atraído tal curiosidad que todo giró en torno al fenómeno natural, dejando de lado las disputas políticas, los enfrentamientos sociales y hasta la cólera por los problemas que aquejan al país.

Todo por ese momento en el que la gente congregada para vivirlo en comunidad sólo repetían sin cesar que era “único”, “espectacular”, “hermoso” y “maravilloso”. Y cuando se hizo el silencio por la llegada de esa noche fugaz, la gente también rompió en un sincero aplauso, como una manera de dar las gracias a la naturaleza por mostrarse tan imponente y bella.

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